Al sur de la ciudad imperial del Cusco, a unos 200 kilometros, se halla el Ausangate, montaña de 6372 metros de altura, venerada localmente desde tiempos inmemoriales.
Allá, muy arriba, está el valle Sinakara, 26 kilometros al sur del pico del Ausangate. Ahí se encuentra el santuario del Qoyllur Riti, al pie del glaciar que centra una de las grandes peregrinaciones del planeta, siendo de las más importantes festividades del Cusco, Perú.
La santidad del lugar deriva de cuatro factores que están íntimamente interrelacionados:
Primero. La fecha del peregrinaje anual al lugar, siendo precisos el 21 de junio, dia sagrado pre cristiano, tiempo del solsticio, que parece estar asociada con la preocupación pre histórica, pan andina por la constelación de la pleyades y su vinculo con las travesias del heroe peregrino mitico Wiracocha
Segundo. La importancia de la montaña Apu Ausangate en cuya ladera está el santuario, pues las creencias locales atribuyen propiedades especiales a las montañas.
Tercero. La leyenda pre colombina que indica que Ausangate se aparece a los campesinos como un muchacho de tez clara y pelo rubio
Cuarto: La leyenda cristiana de cómo un pastor y luego las autoridades religiosas del Cusco se encontraron, en el lugar donde está el santuario hoy, con un joven misterioso de apariencia Caucásica que asumieron era el Cristo niño
Todas las tradiciones pre colombinas fueron rápidamente adaptadas y perpetuadas como formas de devoción cristiana, por las instituciones españolas, tanto políticas como religiosas, durante el virreinato, creándose un proceso de sincretismo ejemplar. Sin embargo, hasta el día de hoy se mantiene un paralelismo de creencias. Hay peregrinos que no visitan el templo cristiano ni participan de las misas, presentándose alternativamente en los santuarios al aire libre que rememoran las creencias pre colombinas.
La transformación del lugar de un espacio sagrado nativo a un lugar de peregrinaje católico comenzó en 1783 cuando el clero dio inicio al culto del señor del qoyllur riti declarando la aparición de Cristo en el lugar. Las hermandades y cofradías actuales cuentan con el aval de la iglesia Católica para ser los custodios del santuario. Estas hermandades y cofradías controlan el culto, la capilla y la procesión de sagradas imágenes, esforzándose por dar un toque marcadamente católico en todos los procedimientos de protocolo y rito.
Maravillosamente, en dos ocasiones, a mediados de junio, durante la luna llena previa al Corpus Christi y en setiembre 14 los peregrinos llegan por docenas de miles en un proceso coordinado desde hace siglos, respetado y repetido por los viajeros. La ocasión en junio tiene ahora, además, un carácter también turístico, pudiéndose ver la versión más pura del festival en setiembre.
Los preparativos comienzan meses antes en comunidades y pueblos del Peru y Bolivia, organizados por voluntarios cuya responsabilidad se denomina cargo, indicándose que se representa a una nación. Cada grupo de peregrinos lleva una lámina, icono que representa a su comunidad o nación, para presentarla al Señor del Qoyllur Riti en el santuario durante una noche. Este peregrinaje tradicional andino implica obligatoriamente la participación de músicos, danzarines, coreografías, ritos y elaborados vestuarios, sin los cuales la naturaleza de la festividad perdería su razón de ser, pues todos estos elementos son parte del culto mismo al Señor del Qoyllur Riti.
Más allá de lo mágico religioso, las festividades tienen todo lo espectacular de los grandes desplazamientos de personas. Las actividades coreográficas de los cientos de grupos de bailarines son parte intrínseca de este rito andino que tiene en el ukuko o paulucha a un personaje protagónico de todo el evento.
Se dice que el ukuko es hijo de mujer y oso. Viste camisa blanca, una desgarbada chaqueta oscura cubierta de largas hebras hasta la rodilla y máscara de lana, llevando un látigo en la mano para imponer el orden entre los peregrinos. Pero el ukuko también representa el papel de embaucador, habla en un tono alto de voz, juega y bromea.
Temido por todos por su fuerza sobrenatural el ukuko también tiene la responsabilidad única, que asume a nombre de todos los peregrinos, de escalar hasta la cima del nevado para llegar al glaciar Sinakara.
Antiguamente regresaban cargando hielo en sus espaldas para repartirlo entre los peregrinos. Pero, desde hace varios años y hasta la fecha, debido al retiro del glaciar como consecuencia del calentamiento global, por respeto al Apu, los ukukos decidieron no continuar con esta práctica, aun cuando continúan subiendo ritualmente hasta la cumbre, poniendo en riesgo sus vidas, falleciendo a veces algún ukuko en este peligroso rito.
Este festival tiene una poderosa carga místico religiosa y toca de manera mágica los espíritus de quienes asisten, que vencen el frío, la falta de sueño, alimento y el mal de altura por la fuerza que se genera colectivamente en esta ocasión.
Sin embargo, el calentamiento global, es un nuevo factor que se ha hecho presente, manifestándose negativamente en el retiro del glaciar, elemento principal de la veneración a la tierra, ahora afectado por esta nueva realidad. Esto nos genera obligaciones para el presente y el futuro. La festividad del Señor del Qoyllur Riti se convierte en símbolo del cambio climático que nos afecta globalmente, pudiendo desaparecer si no atendemos las señales de desgaste ambiental que se presentan.
La realidad del festival cambiará, desaparecerá como una víctima más del calentamiento acelerado, a menos de que hagamos algo.
Lo primero será reflexionar sobre nuevos hábitos y costumbres, para discernir si estamos contribuyendo con nuestros esquemas de consumo al proceso de deterioro de la naturaleza.
También debemos tener presente que recuperar los glaciares pasa por dos momentos:
Primero, mantener un entorno limpio, para lo cual es necesario generar un orden de control de deshechos al momento del peregrinaje, en el caso específico del Qoyllur Riti.
Segundo, actuar en la base del glaciar, manteniéndola blanca, para que se mantenga a una temperatura baja, que permita que el glaciar no se derrita.
En todo esto las comunidades locales van a tener singular importancia pues conocen el terreno, están acostumbrados a la altura y saben cual es el proceso de las festividades. El manejo del proceso se convertiría en una fuente de trabajo para ellos.
Perennizar la festividad de Señor del Qoyllur Riti adquiere una nueva dimensión pues servirá de elemento de referencia que nos permitirá saber si estamos haciendo lo correcto para evitar el calentamiento global, o si, por el contrario, seguimos avanzando arrogante e inexorablemente hacia condiciones climáticas adversas a la humanidad en su conjunto, simplemente por que somos incapaces de entender que el orden, el equilibrio y el balance son fuentes inmensamente más poderosas de vida, que nuestros deseos humanos de ir en una sola dirección, cada vez más aceleradamente y sin control.