El término “liturgia” originariamente significa obra o
quehacer público, y lo litúrgico se considera
precisamente público y esencialmente institución
divina. Es lo inmutable en términos estrictos, lo
opuesto a lo peculiar, a lo susceptible de los
cambios, que sólo se admiten con restricciones en
tanto no provoquen tensiones y no afecten la
unidad.
En la actualidad, la Iglesia Católica reconoce la
dignidad de la música sagrada y la importancia de la
gran tradición musical cristiana, recomendando su
cultivo según establece el Concilio Vaticano II en la
constitución Sacrosanctum Concilium dedicada a la
liturgia, manifestando que concuerda con lo
expresado por la Sagrada Escritura, así como en
varias oportunidades por los Santos Padres.













Precisamente el sexto capítulo de dicho documento
conciliar se inicia afirmando:
"La tradición musical de la Iglesia universal
constituye un tesoro de valor inestimable, que
sobresale entre las demás expresiones artísticas,
principalmente porque el canto sagrado constituye
una parte necesaria e integral de la liturgia
solemne" sin desestimar otras expresiones, sobre
todo las que provienen de las tradiciones de los
pueblos. La citada constitución recomienda la
conservación y el cultivo del tesoro de la música
sacra, especialmente de expresiones como el canto
gregoriano, la polifonía clásica y las obras sacras en
general, así como a la formación musical en los
seminarios y noviciados de religiosos de ambos
sexos.












Es importante destacar que en la constitución
Sacrosanctum Concilium se recomienda también
fomentar diligentemente las Scholae Cantorum,
sobre todo en las iglesias catedrales, y en las más
importantes iglesias; el concilio planteó inclusive la
conveniencia de la creación de institutos superiores
dedicados a la música sacra.
Tras la caída del imperio romano, a fines del siglo V,
las diversas iglesias del Occidente latino sufren una
especie de fragmentación. Esta se tradujo en la
proliferación de maneras distintas de ejecución de
los cantos tradicionales de origen bíblico judío y
judeo-cristiano, seguramente porque las
traducciones de la Biblia en griego, al latín, no
fueron uniformes.













Fue así que, con marchas y contramarchas, la
Iglesia reconoció como legítimos, algunos ritos de
origen local, como los citados ambrosiano e hispano-
visigótico, que coexistieron al lado del oficial romano.
                                                      
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(1)ESTE  TEXTO  HA  SIDO  EXTRAÍDO  DE  DOS  
LIBROS:  EL  LEGADO  MUSICAL  DEL  CUSCO
BARROCO DE  JOSÉ QUEZADA MACCHIAVELLO  
(Fondo Editorial del Congreso  de  la República,
Lima,  2004)  E    INTRODUCCIÓN  AL  ESTUDIO  
DE  LA  HISTORIA  DE  LA  MÚSICA  DE  CÉSAR
ARRÓSPIDE  DE  LA  FLOR,  EDITADO  Y  
COMPLETADO  POR  JOSÉ  QUEZADA
MACCHIAVELLO (PUCP, Lima, 2000).  
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Salve Regina
Hermanos Contractus
En el imperio carolingio, Pipino el Breve y
luego Carlomagno —traduciendo una voluntad
unitaria y unificadora de trasfondo político—
procuran la uniformidad de la liturgia.
Crodegang, obispo de Metz, impone en los
dominios del imperio el canto romano, cuyo
origen desde entonces se atribuye al papa
San Gregorio Magno.
La unificación carolingia —de consuno con el
papado— no desterró las prácticas
tradicionales hispánicas que venían de los
siglos de la antigüedad cristiana; en particular,
las iniciadas, según la tradición, por San
Eugenio de Toledo y San Gregorio de Sevilla.
Tampoco en Italia la política carolingia abolió
las expresiones propias como el canto
ambrosiano, que contaba ya con cuatro siglos
de cultivo.
Parte 2

Desde la temprana Edad Media, la liturgia por
excelencia es el sacrificio de la Misa - cuyo centro es
la celebración de la Eucaristía. Está estructurado en
términos rituales, como es sabido, sobre un
ordinario "ne varietur" de cinco partes: Kyrie
Eleison (con la triple impetración simbólica de la
Santísima Trinidad: Kyrie-Christie- Kyrie); el Gloria o
Gran Doxología; el Credo o Simbolum Nicenicum; el
Sanctus y, finalmente, el Agnus Dei (cuya repetición
tres veces representa como en el Kyrie una alusión
trinitaria). Se admite adicionalmente la inclusión de
partes variables, como antífonas, graduales y tropos.
A lo largo del Medioevo, a pesar de las normas
unificadoras, continuaron las dispersiones,
originándose repertorios locales que se extendieron
siguiendo el tradicional modelo carolingio de
supuesto origen gregoriano que, con el tiempo, se
haría irreconocible.










Sin embargo, el latín se mantuvo como elemento de
unidad, invariable al paso de los tiempos, con textos
de tradición bíblica o proveniente de los siglos de la
antigüedad cristiana, poco o nada modificados.
Pese al latín así como al ideal de uniformidad y de
universalidad litúrgico-católico, en lo puramente
musical, la proliferación de nuevos conceptos
rítmicos y sus peculiares versiones, trajeron como
consecuencia las mencionadas prácticas regionales
distintas. La idea de la universalidad y la
consecuente uniformidad, sin embargo,
permanecieron vigentes —siendo así aún en cierto
sentido en la Iglesia contemporánea— dándose
lugar, a partir del Concilio de Trento, al desarrollo
de una suerte de ciencia litúrgica orientada a la
unificación de las formas de culto, como a mantener
o recuperar la tradición de origen gregoriano.









En ese contexto sacro, la polifonía —que empezó a
difundirse hacia el siglo X— por más de que fuera
compuesta sobre textos sacros en latín, se
consideraba en rigor menos litúrgica que el canto
llano, música sacra cultual por antonomasia.
En estricto sentido no hay música para la liturgia,
más bien, la liturgia es cantada.
En los primeros siglos de la Iglesia, los cristianos
recogieron muchas de las formas artísticas del arte
romano imperial para adaptarlas a las exigencias
pedagógicas de la nueva religión. De esta manera,
por ejemplo, se desarrolla la pintura de las
catacumbas en la cual se representaron temas de
las Sagradas Escrituras con el objeto de facilitar la
enseñanza.
De igual modo, la música cristiana de los primeros
siglos tomó las formas del mundo antiguo que
estaban vigentes el momento del nacimiento de la
nueva religión, formas a las cuales se fue
infundiendo un nuevo espíritu.
Kyrie
Guillaume Dufay
Por eso el canto litúrgico –vale decir,
el canto oficial de la Iglesia Cristiana-
en sus primeros tiempos es de
naturaleza monódica, semejante en su
esencia a la presente en toda la
música antigua y tuvo una
organización modal, así como retuvo
muchas de las características que
procedían de la concepción que los
hombres de las culturas oriental y
grecorromana tenían sobre la música.
Parte 3

La música fue también modal, siendo en este sentido
una herencia de la antigua música que los griegos
tuvieron, con siete modos básicos. La nomenclatura
de los modos griegos da cuenta de su origen
regional: dórico, frigio, lidio, etc.(2) Algunas de
estas denominaciones cambiaron en la Edad Media
al ser adoptados los modos griegos en el Canto
Gregoriano
Fuentes del canto litúrgico Las fuentes del canto
litúrgico se encuentran principalmente en la tradición
judía, de la cual nació la Iglesia, así como de las
tradiciones locales de los pueblos que ésta iba
ganando para la fe. Los primeros cantos cristianos
fueron aquellos que acostumbraban a cantar los
judíos en las sinagogas donde se hacía el “servicio de
la palabra” o comentario de las Escrituras, como
también la lectura entonada de los salmos.









Desde el primer momento, la Iglesia Cristiana realizó
una selección y depuración de los elementos
considerados más valiosos de la tradición litúrgica
hebrea, que tuvo un correlato en lo musical. El
propósito era evitar la tendencia fastuosa y brillante
de la mentalidad oriental y mantenerse dentro de un
cuadro más austero, exigido por el cristianismo. Es
así como se excluyeron del templo la danza, que los
judíos habían utilizado a veces en el culto y también
los instrumentos, especialmente las flautas, que eran
muy utilizadas en los cultos paganos.
De la tradición hebrea los cristianos heredaron la
salmodia o recitación entonada de los salmos;
también el canto responsorial, en que una voz
alternaba con el coro, así como la antífona, en la que
dialogaban dos coros de feligreses, alternándose el
uno con el otro. Los cantos cristianos se extendieron
y cobraron popularidad. (4)









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(2) Por lo general se establece que los modos
griegos son los siguientes: Dórico (mi 5- mi 4), Frigio
(re 5- re 4), Lidio (do 5- do 4), Mixolidio ( si 4- si 3)
Hipodórico o Eólico ( la 5- la 4) Jónico o Hipofrigio
(sol 5- sol 4) e Hipolidio (fa 5 - fa 4). La teoría
medioeval utilizó también números para designar lo
modos. Las teorías griega y medioeval son bastante
complejas, existiendo otras denominaciones para
modos complementarios o “plagales”. Los modos se
presentan también en la música del siglo XX, con
nuevas diferencias en la denominación; actualmente
se designan: Jónico (do) Dórico (re) Frigio (mi) Lidio
(fa) Mixolidio (sol) Eólico (la) Lócrido (si). De manera
práctica los modos se pueden tocar en un
instrumento de teclado partiendo de la nota
correspondiente utilizando sólo las teclas blancas.  
(3) Esta fuente alude a la Gran Doxología o “Gloria in
Excelsis Deo”, que es con seguridad uno de los
cantos más antiguos de la tradición cristiana.
Más adelante, cuando los cristianos se
apartaron de las sinagogas, empezaron a
celebrar sus propias reuniones en locales
exclusivos. En éstos, a la celebración de
la Eucaristía, origen de la misa, y a los
comentarios de las Sagradas Escrituras,
se unían los cantos como elemento de
primera importancia en el culto.
Si bien no poseemos datos más precisos
sobre estos cantos de los primeros siglos,
se sabe que eran muy frecuentes. Plinio
“El Joven” en el siglo II, en una carta al
emperador Trajano, informaba sobre las
actividades de los cristianos,
considerados como una secta que se
reunía para cantar.(3)
(4) Los cantos cristianos bajaron al pueblo.
San Agustín en una ciudad como Hipona,
con gentes menos cultivadas que poco
entendían el latín, supo acercarse con
imágenes sencillas a su pueblo y también
con sencillos cantos que se imponían en la
vida cotidiana. Decía San Agustín: “Los
hombres que cantan así en la cosecha, en
la vendimia, en el trabajo que les absorbe
totalmente, comienzan por expresar su
alegría por las palabras de sus canciones. Y
una vez que están llenos de alegría, las
palabras se borran por inadecuadas y,
dejando las sílabas, entonan vocalizaciones
para traducir su júbilo[...]El cristiano canta a
Dios menos por los labios que por el
corazón. Y el canto es verdadero si expresa
la emoción interior".
Parte 4

Conforme el cristianismo se irradiaba por Europa y
Asia, se definieron de manera paulatina algunas
liturgias locales, de acuerdo al carácter de las
diversas regiones.
Así surgieron las liturgias de Bizancio, Alejandría,
Siria y Armenia, entre otras. Los cantos procedentes
de las tradiciones propias de esas regiones fueron
los himnos o cantos con textos libres no tomados de
la Biblia, que tuvieron origen principalmente en los
monasterios de Siria y Egipto y que poseían una clara
raíz popular.
Ciertamente su inclusión en la liturgia significaba el
enriquecimiento de ésta; pero también el riesgo de
que la misma perdiera su unidad y que con el
transcurso del tiempo el canto litúrgico de las varias
regiones cristianas perdiera su sentido original.







Fue así como San Ambrosio, Obispo de Milán,
emprendió en la segunda mitad del siglo IV la
depuración y reforma de la liturgia en su diócesis.
Esta organización consistió, en primer término, en
una selección exhaustiva del canto eclesiástico,
eliminando aquellos cánticos que se habían
introducido en la práctica del culto y que no
correspondían exactamente a su espíritu,
incorporando a su vez nuevos cantos que
reemplazaran a los proscritos.
De igual forma, adoptó el uso de cuatro “modos” que
sirvieron para evitar por restricción los abusos en que
habían incurrido los cantores. Por último, el Obispo
de Milán hizo una distribución completa de los
diversos cantos que debían cantarse en las diversas
fechas y conmemoraciones del año eclesiástico. La
figura de San Ambrosio tiene ciertos contornos de
leyenda en la historia de la música, pues se le ha
atribuido la paternidad de muchos cantos e
innovaciones de las cuales seguramente no es autor.








Se ha dicho que fue quien introdujo los himnos en
Occidente y que además compuso muchos de éstos
en estrofas de cuatro versos.
Los teóricos de la Antigüedad Cristiana Durante la
Edad Media subsistió la teoría griega como una teoría
culta de la música; ésta, sin embargo, ejerció una
influencia que retardó la evolución de la
sensibilidad musical, que en esta época
experimentaba cada vez más nuevas exigencias de
expresión no previstas por la teoría antigua. Con leves
modificaciones -básicamente de aspecto
terminológico- la teoría griega mantuvo su vigencia
durante la Edad Media entre los músicos cultos, por
el concepto científico y especulativo que se tenía de
la música, a la que se consideraba entre las ciencias
matemáticas, como la aritmética, la geometría y la
astronomía.
San Agustín ha dejado varios textos sobre la belleza y
la música en varios de sus escritos, pero en su libro
De Musica se encuentran sus concepciones estéticas
más precisas y sus especulaciones teórico-musicales
más completas.










La Música es laciencia del medir bien: Musica est
scientia bene modulandi. Por consiguiente el
conocimiento de la música es ciencia.

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(5) Entre estos el TE DEUM que la tradición atribuye
a San Ambrosio y San Agustín (Hymnus Ss. Ambrossi
et Agustini), como creado en el momento en el que el
primero bautizó al segundo, tras su conversión. Entre
los himnos cabe destacar también el VENI CREATOR
que la tradición atribuye a Carlo Magno y el Himno a
San Juan Bautista atribuido a Warnefried (Siglo VIII)
del que Guido d’Arezzo se valió para establecer la
nomenclatura de las notas.  
Existía además el peligro, aún mayor, de
incurrir en herejía o desnaturalización del
espíritu auténticamente cristiano del
canto. Los himnos se propagaron en
Europa Occidental y Medio Oriente desde
el siglo IV.(5)

Primera organización del
canto litúrgico. El Canto
Ambrosiano

El crecimiento de las diversas liturgias
creó la necesidad, en un momento dado,
de sistematizarlas para garantizar que
ellas se mantuvieran dentro del espíritu
de la Iglesia, sin desviaciones
consideradas profanas.
Parte 1

LA MÚSICA SACRA
LITÚRGICA DE LA EDAD
MEDIA
José Quezada Macchiavello (1)

En el más estricto sentido, hasta 1965, la
música litúrgica católica era exclusivamente
en latín. Por otro lado, desde la Edad
Media, lo litúrgico —tal como lo concibe la
Iglesia— era lo necesariamente universal
para toda la cristiandad porque estaba de
por medio la aspiración a una oración
común, a una "Ecclesia" única "Sancta et
Catholica".
Primer Curso Virtual
APRECIACION
MUSICAL
dictado por
el maestro José Quezada Macchiavello
Agnus Dei
Dies Irae
Te Deum
Pange Lingua
Veni Creator