¿QUÉ SE HACE EN EL MUNDO?
Suiza: En la región de Andermatt, han optado por cubrir las pistas de esquí con lonas especiales para
evitar que se funda la nieve y garantizar que las temporadas de esquí sigan siendo exitosas. El ejemplo del
glaciar Andermatt muestra que el costo de esta acción puede ser muy caro, ya que 2.300 m2 de cubiertas
cuestan 24 mil dólares, además de la mano de obra.
Austria: En la región tirolesa del oeste de Austria, luchan para combatir el derretimiento cubriendo los
lugares más vulnerables con mantas de plástico blanco o láminas de aluminio para mantener el frío adentro
y el calor afuera. Los mantos de polietileno blanco del tamaño de una cancha de fútbol sobre el trasfondo
de las cumbres que cubren parte de las pistas de esquí, obran como un termo hermético desviando el calor
del sol y manteniendo el frío.
Alemania: Con una gigantesca “sombrilla” de lonas y toldos blancos expertos alemanes intentaron detener
el derretimiento del último glaciar de Alemania, situado cerca de la cumbre del Zugspitze. La “sombrilla” está
confeccionada con materiales que reflejan la luz solar y permiten refrescar la superficie de 6 mil metros
cuadrados que ocupa el glaciar, impidiendo así que las cálidas lluvias estivales caigan sobre el glaciar.
Groenlandia: En el 2008 se cubrieron 5,000 m2 de superficie glaciar con sábanas que reflejan el poder
del sol para evitar que se derrita. Los resultados fueron satisfactorios, pero se concluyó que no era viable
económicamente (más de US$ 400 mil millones) y el grado de contaminación era extremadamente elevado.
PROPUESTAS DE GEO INGENIERÍA
La inacción política en relación a los problemas del medio ambiente está llegando a límites tales que los
científicos empiezan a recomendar acciones extremas y a investigar mucho más las técnicas de
geoingeniería con tal de conseguir “refrigerar” la Tierra.
1. Abonar el plancton
El fitoplancton, como cualquier planta, consigue su carbono del CO2 del aire en la fotosíntesis.
Cómo se estimula el crecimiento del plancton? Abonándolo. Añadiendo al agua micronutrientes, en
concreto partículas de hierro.
La erupción del volcán Pinatubo, en Filipinas, en 1991 introdujo de golpe en la estratosfera 20 millones
de toneladas de dióxido de azufre. Las partículas, entre otros efectos, evitaron que parte de la energía
del Sol llegara a la Tierra y, como resultado, la temperatura media del planeta bajó ligeramente.
La propuesta consiste en inyectar periódicamente en la estratosfera, preferentemente mediante globos,
millones de toneladas de partículas de dióxido de azufre. El efecto refrigerador sería inmediato, mientras
que el de la reducción de emisiones tardará generaciones en notarse. Pero hay inconvenientes. El
enfriamiento no sería regular -los trópicos se enfriarían más que los polos, justo donde más falta hace.
3. Nubes más brillantes
La cantidad de luz solar que las nubes devuelven al espacio depende de la superficie de las gotas que
forman la nube. Muchas gotas pequeñas ofrecen más superficie que pocas gotas grandes. Por eso lo
que proponen los británicos John Latham y Stephen Salter es regar las nubes con agua de mar para
que acaben formándose innumerables gotitas en torno a los granos de sal. ¿Cómo hacerlo? Con una
flota de varios miles de barcos fantasma surcando los mares constantemente: algo así como
catamaranes no tripulados y guiados por satélite, equipados con altos cilindros giratorios que hacen las
veces de velas y aspersores. Las pegas: su coste, nada barato, y que no se sabe realmente cuánto
aumentaría la reflexión de las nubes.
4. Una macrosombrilla espacial
La propuesta tecnológicamente más sofisticada la lanzó el prestigioso astrofísico Roger Angel, de la
Universidad de Arizona, hace dos años: colocar en el espacio, concretamente en un punto a 1,85
millones de kilómetros de la Tierra, nada menos que 16 billones (millones de millones) de finísimos
discos de silicio que formarían una gigantesca sombrilla planetaria. Los discos se dispondrían en un
enjambre que, desde esa distancia, daría sombra a toda la Tierra sin contaminar. Cada disco tendría un
pequeño espejo que actuaría de vela solar; además, habría satélites pastoreando la nube.
No haría falta montajes en el espacio, ni ningún astronauta: los discos serían lanzados en paquetes, y
una vez en su destino serían esparcidos automáticamente como los naipes de una baraja. Pero eso no
elimina los obstáculos. Se tardaría casi un siglo en fabricar tantos discos, y Angel estima un coste de
cinco billones (millones de millones) de dólares.
5. Plantas reflectivas
Las plantas de hojas brillantes rechazan los rayos solares con mayor facilidad y generan mayor cantidad
de sombra. Según un grupo de expertos de la Universidad de California, la siembra de plantas de hojas
brillantes en las regiones agrícolas podría reducir la temperatura de esas zonas en casi dos grados
centígrados. La capacidad reflectiva de las plantas de hojas brillantes ayudaría a variar el albedo de la
Tierra (valor que define el grado de reflexión solar de un cuerpo celeste). Los científicos, liderados por
Chris Doughty, afirman que “se puede lograr la desaceleración o la inversión de la tendencia al
calentamiento manipulando el albedo de la superficie del suelo. Esto es factible sobre todo en las
regiones agrícolas y forestales, donde la influencia humana sobre el terreno es significativa”.
6. Techos de color blanco
Esta idea no es tan alocada como las anteriores y tal vez se pueda aplicar pronto y sin demasiadas
complicaciones, aunque con resultados dudosos. Los estudios preliminares realizados por científicos de
la Universidad de Columbia indican que pintar los techos de blanco de todos los edificios del planeta,
podría contrarrestar la tendencia actual de calentamiento global. Los modelos matemáticos utilizados
para llegar a esa conclusión determinaron que el incremento de la reflexión solar obtenida al pintar
todos los techos de blanco de todas las construcciones de la superficie terrestre, harían variar el albedo
del planeta de 0.29 a 0.30, cantidad suficiente para que la temperatura global descienda hasta un grado
centígrado.