En la década de los '40 un alumno de un pequeño colegio
privado de clase media del distrito de Lince, en Lima, Perú,
no podía comer cancha por que era tildado de indio, como
si eso fuera ser menos.

En la década de los '60 en un colegio pituco de Lima un
extranjero que contara que había comido cuy era motivo
de carcajada, también por haber hecho el ridículo,
comiendo comida de indios.

Por suerte, en aproximadamente 60 años, estos criterios
que claramente indicaban nuestra debilidad psicológica,
nuestra falta de identidad y de coherencia interna y
nuestro suicidio comercial han retrocedido hasta poner en
ridículo a quien se ria de estos productos antes que a aquel
que los consuma.

Nuestro Perú empieza a ser realmente nuestro y nosotros
sus hijos agradecidos y felices.

Nosotros los peruanos por libreta electoral y pasaporte, por
largas décadas, no hemos entendido en qué consiste
nuestro país y nos habíamos dedicado a administrar
continuas crisis como nuestro único modo de vida,
entendiéndola solo como un pagar las culpas y los pecados,
pasando de una reorganización a otra, sin ningún éxito ni
beneficio para la gente común, que finalmente es la que
compone una sociedad. Nuestras autoridades siempre han
pedido dinero prestado por que  "somos un país pobre" y no
por que sepamos que hacer con el dinero recibido como
préstamo. Pero la responsabilidad - o culpa - es de todos.

Las mentes brillantes y las grandes obras son consecuencia
de un equilibrio entre su unicidad y una organización
social que les da sustento; para que aquellas desarrollen
una visión más allá de lo evidente, más allá de lo real, más
allá de lo palpable, que, en realidad, es responsabilidad y
mérito compartido con los cotidianos, los civiles de a pie,
profesionales, trabajadores, amas de casa, ciudadanos
comunes, normales, triviales. Lo que somos todos al final
de cuentas.

Por fin, ahora empezamos a ver que, efectivamente, hemos
sido pecadores. Y nuestro más grave pecado ha sido el no
reconocernos como hijos responsables de nuestro país. La
manera de aceptar esto a puerta cerrada, sin testigos, es
contestar la pregunta: "¿Cuántas veces me he referido al
Perú como ‘un país’ o cuántas he dicho ‘este es un país... ’ o
'en este país' ?" La mera respuesta afirmativa a esta
pregunta nos ubica, con nosotros y nuestro espíritu, en el
grupo inobjetable de los responsables inconscientes de la
posición cuarto mundista que el Perú ocupó por varias
décadas hacia el final del milenio pasado y todavía hoy.

Nuestro pecado ha consistido, pues, en no haber
reconocido aquello de valioso que poseemos, mirando
siempre lo que otros hacen y sintiendo que si es extranjero
es correcto, es mejor, es bueno, es valioso y un largo
etcétera positivo… asumiendo que lo nacional, lo propio,
es todo lo negativo que pudo surgir sobre la faz de la
tierra... debemos aclarar que no son material cultural la
impuntualidad, la suciedad o la falta de honestidad y
moral.

La actitud del Perú occidental, del Perú oficial, del Perú
mediático, ha contrastado con la supervivencia - a pesar de
las condiciones de abandono moral y material - de los
conocimientos, costumbres, hábitos y gustos que subyacen
como culturas de minorías subterráneas... ¡¡¡EN SU PROPIO
PAÍS!!!.

Irónicamente, el primer embate, la primera arremetida (la
virreinal) de la cultura occidental en nuestras tierra
también es ahora ninguneada desde la oficialidad y
esgrimiendo la modernidad como la última novedad…
cuando el mundo ya no es moderno si no post moderno,
ecléctico, sinérgico y global.

Pero, lo importante, al final de cuentas, es destacar que,
ahora, por fin, parece ser que hemos entendido que
mirarnos al espejo no es malo, que mirar la tierra en la que
caminamos es interesante, que decir esta boca es mía es
algo que nuestro entorno internacional aplaude. Y esto no
es cosa de política ni de aparato de gobierno… es cosa de
todos, cada uno empujando hacia un punto en el futuro
común. En el peldaño más bajo de este entendimiento se
encuentra la noción de que por lo menos nos necesitamos
como mercado para lo que producimos. Sobre esa verdad
práctica se puede construir el resto de una cultura nueva
de integración de todo aquello que es nuestro ahora: el
legado pre inca, lo inca como corolario de tradiciones y
conocimiento autóctono y lo occidental de la mano -
contradictoria como toda conquista - de la cultura barroca
que vino, caló y se trastocó para ser parte de nuestra
realidad contemporánea.

Es el reconocimiento final como algo positivo de este
contexto lo que nos convierte en una nueva realidad en
equilibrio, cargada de una energía correctamente
orientada y dispuesta a entenderse, a fusionarse, para
darnos paz y felicidad; al margen de las dificultades
propias de toda empresa donde habrán negociaciones,
accidentes, entendimientos, temblores, logros,
enfermedades y todos los dilemas de una existencia
razonable.

¿Y que tiene de importante esto para hablar de salud?

La salud es la consecuencia de varios factores… y la
presencia del médico solo se dará al final del proceso,
cuando la salud es interrumpida por la enfermedad o el
accidente.

La salud comienza con el entendimiento entre las personas,
con la disciplina para el cuerpo, con la correcta
alimentación física y espiritual, con la correcta actitud
frente a la vida.

Y ¿qué sorpresa?, el Perú cuenta con fuentes de salud
ancestrales, a punto de ser destruidas, en varias ocasiones,
por nociones y sistemas primitivos de “encuentro cultural”.
Los cultivos andinos y los animales propios del Ande son
una inmensa riqueza que produce salud, nutrición y buen
gusto.

Y ahora se da un renacimiento, un nuevo reconocimiento,
del valor del conocimiento alimentario ancestral: somos lo
que comemos.

Y nuestro peculiar sentido de la felicidad empieza a dejar
de ser tan silvestre y se empieza a acomodar a la gran urbe,
a la metrópoli, produciendo focos infecciosos de cultura
peruana, novo andina, post barroca. Lo vemos en la
proliferación de restaurantes de comida peruana en sus
más diversas variedades y calidades; en la venta de
diversas hierbas medicinales tradicionales "on line", en
grandes supermercados y no solo en yerberos de barrio
pobre sobre el suelo; en la aparición de motivos cholos e
indios en la moda y el arte, el Perú se pone "fashion",
"trendy", "in" y despierta en la estupenda calidad dormida
del algodón y las lanas nativas. La reivindicación de la
música andina, el “tropi pop” nativo, la chicha son la
manifestación correcta de una psiquis que empieza a decir
SOY PERUANO con orgullo en su justa proporción, en la
línea del equilibrio psicológico, emocional, de la
coherencia interna. Lo peruano empieza a dejar de ser
exótico para nosotros mismos y se convierte en nuestro
aporte a la cultura globalizada, que debe ser conocida por
todo ser humano al margen de razas, geografías, credos,
sexo y cultura. ¡¡Quien no sabe dónde está Machu Picchu
ahora es un desubicado internacional!!

¡¡La sinergia y ese elemento extraño llamado éxito se
apoderan de nosotros y casi no podemos evitarlo!!!

Para cuidar todo esto debemos continuar siendo
respetuosos de lo que tenemos, de nuestro entorno,
debemos conocer y reconocer su valor ambiental, cultural y
monetario.

EQUILIBRIO es la palabra complicada.

Salud pues… con chicha, con pisco, con algún jugo de
fruta peruana. Salud. Piri.
NOSOTROZ ZALVAMOZ PLANETAZ,  Y TU... ¿QUE HACEZ?
PLANTAS NATIVAS DEL PERU
Z.A.P.
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Qoyllur R'iti
Indigenous Plants of Peru
U. S. Department of Agriculture
U.S. Department of Agriculture 2